Yoga para el Miedo
“Nuestro miedo más profundo no es ser inadecuados. Nuestro miedo más profundo es saber que tenemos un poder ilimitado. Lo que nos asusta es nuestra luz, no nuestra oscuridad. Nos preguntamos ¿Quién soy yo para ser brillante, atractivo(a), talentoso(a), fabuloso(a)? Y… ¿por qué no puedes serlo? Eres hijo(a) de Dios. Tu baja autoestima no le ayuda al mundo. No hay nada de iluminado en agacharte para que la otra gente no se sienta incómoda en tu presencia. Todos nacimos para brillar, así como lo hacen los niños. Y esto no aplica sólo a un grupo selecto de seres, sino a todos. A medida que permitimos que nuestra luz brille… le damos permiso a otros de hacer lo mismo. A medida que nos liberamos de nuestro miedo, nuestra presencia automáticamente libera a otros”.
-Marianne Williamson
El miedo es una emoción que experimentan todos los seres en distintos niveles. Todos los miedos provienen de nuestras percepciones y experiencias pasadas (karmas). Algunos miedos nos mantienen vivos y son necesarios para nuestra supervivencia. A estos miedos les llamamos “instintivos”. Otros miedos nos coartan la posibilidad de vivir nuestra vida en su máxima expresión, atándonos y esclavizándonos. Estos miedos son con frecuencia una fuerza que aísla, que ensancha la brecha entre uno mismo y los demás, evitando que nuestro Ser divino emerja.
El Taittiriya Upanishad nos dice que “hasta que no tengamos la realización de la unidad de la vida, viviremos con miedo”. Al no estar seguros del mundo que nos rodea, generalmente reaccionamos negativamente y a la defensiva, ya que interpretamos lo desconocido como alguna amenaza latente a nuestra comodidad o seguridad. Ya sea que le llamemos inseguridad o incertidumbre, nuestra reacción está siempre basada en el miedo. Completamente apanicados, percibimos al mundo desde una perspectiva dualista, etiquetando cosas como “buenas” y “malas”, o “tú eres esto”, “yo soy lo otro”. La utilización de objetos, las anticuadas formas de pensar y/o nuestras tendencias (gunas) para desligarnos de este terror que experimentamos, sólo refuerzan la separación del ser y de la experiencia. Como resultado, le damos más poder al miedo y el capullo que cubre a nuestro Ser divino se hace más grueso; distanciándonos de nuestra inteligencia, fuerza, y confianza innatas. Si esto se repite a lo largo de una vida, o de un sinnúmero de vidas, esta conducta crea impresiones mentales en el cuerpo sutil conocidas como samskaras. Estas impresiones se hacen más fuertes con las acciones repetitivas, dando vueltas en círculo, resultando en una existencia mundana condicionada.
Como practicantes de yoga tenemos la oportunidad de llegar a la raíz del miedo y eventualmente liberarnos de estas ataduras mentales y samskaras. Ya que nuestro cuerpo está conformado por nuestros karmas, el uso de la meditación, ásana, pranayama, dieta y una intención elevada nos puede mostrar las áreas en las que nos resistimos al Ser. Esta investigación física puede resolver los karmas de raíz, abriéndonos a la resolución, a la sanación y a la libertad que esto conlleva.
Con la meditación tenemos la habilidad de poder ser testigos de nuestro paisaje interior, investigando el origen y profundidad de nuestros miedos. Ya que el amor es lo opuesto al miedo, al observar nuestros patrones de pensamiento y nuestro diálogo interno, identificamos las áreas en la que el amor propio es deficiente. Para poder resolver nuestros miedos, debemos de amarnos lo suficiente para encararlos y entenderlos con una conciencia compasiva y un corazón libre de juicios.
La práctica de ásana nos ayuda a conectar aún más con la raíz de nuestros miedos porque nos permite sentir la sensación de tensión y rigidez que alberga nuestro cuerpo. También nos da la oportunidad de observar el miedo que surge ante ciertas posturas y la incomodidad mental o física que se derivan. A través de las ásanas tenemos la oportunidad de explorar nuestra frontera de lo que conocemos y no conocemos, permitiéndonos poner en evidencia la resistencia de cuerpo y mente. Esto puede ser evidente en posturas como la del corredor, los arcos u otras ásanas que liberan el psoas, un músculo importante para el reflejo del miedo. Al hacer esfuerzos de relajar el psoas y estirar la parte anterior del cuerpo, podemos obtener pistas del estado de nuestras emociones. Al ser importante para nuestra estabilidad en la postura, el psoas vincula ambos lados de la espalda baja con el frente del cuerpo, terminando en el trocánter menor, en lo profundo de la cadera.
Las prácticas de pranayama como el nadi shódhana no solo limpian nuestros canales de energía (ida píngala y sushumna), pero también estimulan el lóbulo frontal, el centro de control de nuestras emociones y personalidad. Equilibran ambos lados del cerebro y relajan la mente y el sistema nervioso. Cuando existe un equilibrio a nivel neurológico, reaccionamos mejor ante el miedo que experimentamos.
Una dieta vegetariana también nos da la oportunidad de liberarnos del miedo. Cuando los animales que son “producidos en masa” están a punto de ser asesinados, el estrés hace que ellos secreten hormonas y otros químicos generados por el miedo de su inminente muerte; y al comernos su carne nos comemos su miedo –con cada mordisco. Elegir una dieta que no cree miedo en otros seres tendrá un impacto directo en el miedo que experimentamos en nuestra vida.
Al incorporar estas prácticas y complementarlas con la intención elevada de encarar nuestros miedos, se fomentará la familiaridad. Esta familiaridad nos dará el valor necesario para cambiar nuestras respuestas enraizadas y la relación con nuestros miedos. Una vez que nos demos cuenta que el miedo no es real, sino una proyección mental, bajamos las armas y le abrimos los brazos a vida en su totalidad. Sin inhibiciones ni ataduras ocasionadas por el miedo, se prende la chispa del impulso de vivir nuestra vida con valor. Libres y relajados con lo que acontece dentro y fuera de nosotros, nuestra conexión, con la tierra será firme y gozosa.
-Giselle Mari, 2010
-Marianne Williamson
El miedo es una emoción que experimentan todos los seres en distintos niveles. Todos los miedos provienen de nuestras percepciones y experiencias pasadas (karmas). Algunos miedos nos mantienen vivos y son necesarios para nuestra supervivencia. A estos miedos les llamamos “instintivos”. Otros miedos nos coartan la posibilidad de vivir nuestra vida en su máxima expresión, atándonos y esclavizándonos. Estos miedos son con frecuencia una fuerza que aísla, que ensancha la brecha entre uno mismo y los demás, evitando que nuestro Ser divino emerja.
El Taittiriya Upanishad nos dice que “hasta que no tengamos la realización de la unidad de la vida, viviremos con miedo”. Al no estar seguros del mundo que nos rodea, generalmente reaccionamos negativamente y a la defensiva, ya que interpretamos lo desconocido como alguna amenaza latente a nuestra comodidad o seguridad. Ya sea que le llamemos inseguridad o incertidumbre, nuestra reacción está siempre basada en el miedo. Completamente apanicados, percibimos al mundo desde una perspectiva dualista, etiquetando cosas como “buenas” y “malas”, o “tú eres esto”, “yo soy lo otro”. La utilización de objetos, las anticuadas formas de pensar y/o nuestras tendencias (gunas) para desligarnos de este terror que experimentamos, sólo refuerzan la separación del ser y de la experiencia. Como resultado, le damos más poder al miedo y el capullo que cubre a nuestro Ser divino se hace más grueso; distanciándonos de nuestra inteligencia, fuerza, y confianza innatas. Si esto se repite a lo largo de una vida, o de un sinnúmero de vidas, esta conducta crea impresiones mentales en el cuerpo sutil conocidas como samskaras. Estas impresiones se hacen más fuertes con las acciones repetitivas, dando vueltas en círculo, resultando en una existencia mundana condicionada.
Como practicantes de yoga tenemos la oportunidad de llegar a la raíz del miedo y eventualmente liberarnos de estas ataduras mentales y samskaras. Ya que nuestro cuerpo está conformado por nuestros karmas, el uso de la meditación, ásana, pranayama, dieta y una intención elevada nos puede mostrar las áreas en las que nos resistimos al Ser. Esta investigación física puede resolver los karmas de raíz, abriéndonos a la resolución, a la sanación y a la libertad que esto conlleva.
Con la meditación tenemos la habilidad de poder ser testigos de nuestro paisaje interior, investigando el origen y profundidad de nuestros miedos. Ya que el amor es lo opuesto al miedo, al observar nuestros patrones de pensamiento y nuestro diálogo interno, identificamos las áreas en la que el amor propio es deficiente. Para poder resolver nuestros miedos, debemos de amarnos lo suficiente para encararlos y entenderlos con una conciencia compasiva y un corazón libre de juicios.
La práctica de ásana nos ayuda a conectar aún más con la raíz de nuestros miedos porque nos permite sentir la sensación de tensión y rigidez que alberga nuestro cuerpo. También nos da la oportunidad de observar el miedo que surge ante ciertas posturas y la incomodidad mental o física que se derivan. A través de las ásanas tenemos la oportunidad de explorar nuestra frontera de lo que conocemos y no conocemos, permitiéndonos poner en evidencia la resistencia de cuerpo y mente. Esto puede ser evidente en posturas como la del corredor, los arcos u otras ásanas que liberan el psoas, un músculo importante para el reflejo del miedo. Al hacer esfuerzos de relajar el psoas y estirar la parte anterior del cuerpo, podemos obtener pistas del estado de nuestras emociones. Al ser importante para nuestra estabilidad en la postura, el psoas vincula ambos lados de la espalda baja con el frente del cuerpo, terminando en el trocánter menor, en lo profundo de la cadera.
Las prácticas de pranayama como el nadi shódhana no solo limpian nuestros canales de energía (ida píngala y sushumna), pero también estimulan el lóbulo frontal, el centro de control de nuestras emociones y personalidad. Equilibran ambos lados del cerebro y relajan la mente y el sistema nervioso. Cuando existe un equilibrio a nivel neurológico, reaccionamos mejor ante el miedo que experimentamos.
Una dieta vegetariana también nos da la oportunidad de liberarnos del miedo. Cuando los animales que son “producidos en masa” están a punto de ser asesinados, el estrés hace que ellos secreten hormonas y otros químicos generados por el miedo de su inminente muerte; y al comernos su carne nos comemos su miedo –con cada mordisco. Elegir una dieta que no cree miedo en otros seres tendrá un impacto directo en el miedo que experimentamos en nuestra vida.
Al incorporar estas prácticas y complementarlas con la intención elevada de encarar nuestros miedos, se fomentará la familiaridad. Esta familiaridad nos dará el valor necesario para cambiar nuestras respuestas enraizadas y la relación con nuestros miedos. Una vez que nos demos cuenta que el miedo no es real, sino una proyección mental, bajamos las armas y le abrimos los brazos a vida en su totalidad. Sin inhibiciones ni ataduras ocasionadas por el miedo, se prende la chispa del impulso de vivir nuestra vida con valor. Libres y relajados con lo que acontece dentro y fuera de nosotros, nuestra conexión, con la tierra será firme y gozosa.
-Giselle Mari, 2010

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