El sendero del Yogui

Llega un momento en la vida en el cual todos los placeres del mundo se quedan cortos. No terminan de satisfacer. Por más que se busque, por arriba o por abajo, nada puede llenar ese vacío. El peregrino -símbolo de cada ser humano en su tránsito por esta tierra- empieza a indagar. Todo lo tangible es transitorio, perecedero o volátil. Incluso si las emociones nos sacan del sopor de la rutina por unos instantes, son pasajeras e –inevitablemente- todo vuelve a su lugar, el cual, a veces, es uno muy oscuro e indeseado.
El viajero se encuentra frente a una bifurcación: perderse en esa búsqueda efusiva de subidones terrenales o entregarse a algo más elevado, llámese un ideal, el arte o un propósito. En determinadas ocasiones, el hombre encuentra que sólo le queda un camino, el de rendirse a la Gracia, a Dios, a esa energía que trasciende las barreras limitadas del cuerpo, el espacio y lo visible. Encuentra en esta luz eterna la única motivación permanente en medio de ese vaivén de destellos esporádicos. El sendero del héroe se manifiesta antes o después.
Ya que el significado supremo del yoga es la unión del cuerpo, mente y alma con Dios o el Absoluto; a través de la meditación, el pranayama y la práctica de asanas, el ego (o sentido se identidad) se funde con la Inteligencia Universal. En Occidente, muchos creen que el yoga se limita al yoga físico (asanas). No obstante, si bien los yoguis de la India pasan horas estirando el cuerpo, el fin primordial es mantener el vehículo físico en perfecto estado para albergar el Espíritu de Dios (Espíritu Santo, Prana, alma) y experimentar la unión del mismo con Dios (Jehová, Alá, Brahman o Inteligencia Superior) a través de la meditación.
Poco a poco, en Occidente se están recobrando los motores u “objetivos” tradicionales del yoga. Estos permiten al practicante experimentar una perfecta coherencia entre sus acciones, sentimientos y pensamientos a la vez que se alinean con el Deseo de Dios –las causas nobles, principios humanos y valores inculcados por los grandes sabios y profetas de todos los tiempos-.
Paso a paso, mientras observamos más nuestra vida interna –pensamientos, emociones y sentidos- sin juicio, simplemente como expectador silencioso, nos abrimos a vivir desde el infinito corazón y no desde la mente analítica, pequeña y limitada. Estamos abriéndonos hacia una nueva percepción del universo.
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Por Flavio Güell Casalvolone (Costa Rica)
espero que publiques más seguido porque es mucho lo que puedes aportar
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