El sendero del Yogui
Llega un momento en la vida en el cual todos los placeres del mundo se quedan cortos. No terminan de satisfacer. Por más que se busque, por arriba o por abajo, nada puede llenar ese vacío. El peregrino -símbolo de cada ser humano en su tránsito por esta tierra- empieza a indagar. Todo lo tangible es transitorio, perecedero o volátil. Incluso si las emociones nos sacan del sopor de la rutina por unos instantes, son pasajeras e –inevitablemente- todo vuelve a su lugar, el cual, a veces, es uno muy oscuro e indeseado. El viajero se encuentra frente a una bifurcación: perderse en esa búsqueda efusiva de subidones terrenales o entregarse a algo más elevado, llámese un ideal, el arte o un propósito. En determinadas ocasiones, el hombre encuentra que sólo le queda un camino, el de rendirse a la Gracia, a Dios, a esa energía que trasciende las barreras limitadas del cuerpo, el espacio y lo visible. Encuentra en esta luz eterna la única motivación permanente en medio de ese vaivén de destello...